domingo, 3 de febrero de 2019
Las raices judias del cristianismo
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EL ANTISEMITISMO HASTA EL SIGLO IV d.C
Por antisemitismo entenderemos la o las doctrinas o tendencias de los antisemitas3 . Por antisemita entenderemos al enemigo de la raza hebrea, de su cultura o de su influencia4 . Se ha escrito tanto sobre el tema que aquí nos limitaremos a entregar algunos datos históricos ya que nada sucede sin causas. Dejamos al lector la tarea de sacar sus propias conclusiones5 , aunque al final propondremos algunas.
1. DESDE LOS ORÍGENES HASTA EL SIGLO IV d.C.
El antisemitismo es tan antiguo como la presencia judía fuera de su tierra6 . Contrariamente a los autores cristianos, que se han esforzado en ligarlo a un castigo divino, esta actitud frente a los judíos es anterior al cristianismo7 . Hay hacer notar algo general: los judíos han sido siempre el objeto de odio en todas las tierras en las que se han establecido. Ese odio ha sido independiente de la raza, del sistema de gobierno, de las costumbres particulares de cada pueblo, de la religión, etc. No comenzó con la destrucción del segundo Templo por los romanos8 sino seis o siete siglos antes.
Cuando, después de haber sido desterrados a Babilonia, se les permitió a los judíos volver a su tierra, muchos se quedaron en un país donde habían prosperado. En Babilonia no había antijudaísmo (que sepamos). Este parece haber comenzado en la ciudad egipcia de Alejandría en la época helenística9 . Primera entre las ciudades helenísticas, Alejandría comenzó a ser habitada por judíos desde la época de Tolomeo I Soter10. Estos nuevos habitantes se adaptaron rápidamente a la lengua y a la cultura griega, considerándose "alejandrinos". Dicho título le era negado por sus vecinos gentiles quienes los miraban con desconfianza por su exclusivismo religioso: la comunidad judía se negaba a participar en los cultos de la ciudad y negaba la validez de todos los ritos menos el suyo. El problema se agravó cuando la población judía aumentó considerablemente, favorecida no sólo por su inmigración desde Siria y Judea, sino por los privilegios jurídicos especiales que les otorgaron los gobernantes helenísticos primero, y Julio César11 después, política que mantuvieron los emperadores posteriores. Ya bajo el dominio romano, la irritada población egipcia se opuso cada vez más enérgicamente a la presencia judía en la ciudad. En tiempos de Calígula12 se produjeron graves disturbios que motivaron el envío de dos delegaciones alejandrinas al emperador: una greco-egipcia y otra judía 13. La polémica debe haber sido lo suficientemente ardiente como para que unas décadas después el historiador judío Flavio Josefo14 escribiese su obra "Contra Apión" para defender a los judíos de las acusaciones. El mismo Flavio Josefo hace una lista de las muchas y diversas acusaciones lanzadas contra los judíos entre las cuales podemos citar: que en el Templo de Jerusalén se adoraba a una cabeza de burro de oro15, que los judíos son ateos y misántropos, cobardes unas veces y temerarios otras, que son bárbaros que no han aportado nada a la civilización16, que el descanso sabático fue instituido a causa de los tumores en las ingles que les salieron a los judíos expulsados de Egipto cuando llevaban seis días de camino y que los obligó a descansar al séptimo, que una vez al año asesinaban a un griego en el Templo ofreciendo su cuerpo como sacrificio, devorando sus órganos internos y profiriendo un juramento de odio hacia todos los griegos17, etc. Técnicamente esta última es la primera acusación conocida de asesinato ritual.
Los judíos se establecieron por todo el imperio bajo el manto protector de los privilegios jurídicos que les concedió Cayo Julio César. A mediados del siglo I d.C. había una importante comunidad judía en Roma que gozaba de una cierta influencia. Los césares toleraban a los judíos pero el auge del proselitismo, que alcanzaba incluso a la alta sociedad romana, los llevó a dictar normas antijudías cuando lo consideraron oportuno. Tiberio18 , ante su elevado número, expulsó y deportó a muchos de ellos y les prohibió a los demás la práctica de su religión. Ese mismo año, y con motivo de una hambruna, los judíos alejandrinos no recibieron trigo por no considerárselos ciudadanos. Alejandría siguió siendo el punto de conflicto. En la época de Claudio19 hubo varios choques entre las comunidades judía y pagana de la ciudad los que culminaron en el pogromo20 del año 38. El emperador tuvo que llamar a la tolerancia a los no judíos en el año 41. Como en tiempos de Calígula, dos delegaciones alejandrinas partieron ante el emperador. En su carta, Claudio dice a los alejandrinos que toleren a los judíos, pero que estos a su vez no intenten aumentar su número y no pretendan interferir en la vida de la sociedad que les rodea. Claudio concluye: "Si no se comportan así los castigaré como a gente que esparce por todo el mundo una epidemia"21 . Ese mismo año suprimió el derecho de reunión y expulsó de Roma a la comunidad judía. Ocho años después lo volvió a hacer, bajo la acusación de disturbios. El listado de los autores romanos antijudíos es largo e incluye a lo más granado de ellos22 .
El año 70, y debido a las revueltas judías Tito23, el hijo del emperador Vespasiano, destruye Jerusalén y el Templo esclaviza a muchos judíos y dispersa al resto.
Hay que precisar aquí un punto importante. Mientras el Imperio Romano funcionó con sus instituciones político-religiosas originales, la persecución de judíos y judeocristianos se hizo por meras razones de “seguridad del Estado”: bastaba que un judío o un judeocristiano celebrara un sacrificio ante un altar de los Dioses de Roma y todo se arreglaba.
Circa 88 el Papa San Clemente Romano24 acusa a los judíos de ser los causantes de la persecución de cristianos por el emperador Nerón25 . En los años 113-116 y 135 se producen la segunda y terceras rebeliones judías contra Roma. Circa 170 Melito, Obispo de Sardes, publica el sermón “Sobre la Pasión” en el cual culpaba a los judíos por la persecución y muerte de Jesús y absolvía a Poncio Pilatos y a los romanos de cualquier culpa. Es una de las primeras veces que los judíos son acusados de “deicidio”. El año 200, cuando el emperador Séptimo Severo26 prohibió abrazar el judaísmo bajo pena de severas sanciones, el Obispo Orígenes27 de Alejandría se felicita: “podemos aseverar entonces con absoluta confianza que los judíos no retornarán a su antigua situación porque ellos han cometido el más abominable de los crímenes, conspirando contra el Salvador de la raza humana”. El año 212 el emperador Caracalla permite que todos los judíos libres del Imperio devengan ciudadanos romanos. El año 300 el Obispo Eusebio de Cesárea afirma que los judíos de todas las comunidades crucifican un cristiano en su festival de Purim como rechazo a Jesús 28 . Eusebio hace una sutil distinción29 entre los hebreos, las buenas personas del Antiguo Testamento, y los judíos, caracterizados como malvados.
A partir del siglo II d.C. un elemento fundamental vino a sumarse al panorama religioso de la época: la propagación del cristianismo, desligado progresivamente del judaísmo de una manera bastante traumática30. A las acusaciones ya lanzadas, se sumó ahora la de “pueblo deicida”, acusación central en el antisemitismo religioso31 medieval y moderno32. Cuando el judeocristianismo deviene la religión oficial del Imperio Romano, sin ninguna competencia33 al frente, tomará medidas “administrativas” en contra de sus opositores34. Las palancas del poder comienzan a ser ocupadas por cristianos35 durante el siglo IV cuando su número es estimado en seis millones.
En los primeros Padres de la Iglesia el antijudaísmo formal aparece sin ningún tapujo. Por ejemplo San Juan Crisóstomo36, el más grande de todos los predicadores cristianos, dice: "cómo pueden los cristianos atreverse a ‘sostener la más mínima conversación con judíos’, ‘los más miserables de todos los hombres’, ‘hombres que son ‘... concupiscentes, rapaces, avaros, bandidos pérfidos’. Acaso no son ellos ‘asesinos, destructores, hombres ‘poseídos por el demonio’ a quienes la mala vida y la embriaguez han entregado a las costumbres de los cerdos y la cabra concupiscente. Ellos solo conocen una cosa: satisfacer sus apetitos, emborracharse, matar y estropear’...". Y: "¿La sinagoga? No solo es un teatro y una casa de prostitución, sino ‘una caverna de bandidos’, una ‘reparación de bestias salvajes’, un lugar de ‘vergüenza y ridículo, el domicilio del diablo, como también lo son las almas de los judíos’. En verdad los judíos adoran al diablo; sus ritos son ‘criminales e inmundos’; su religión es ‘una enfermedad’. Su sinagoga, de nuevo, es ‘una asamblea de criminales... una cueva de ladrones... una caverna de demonios, un abismo de perdición... yo también aborrezco a la sinagoga’. "Dios aborrece a los judíos y siempre aborreció a los judíos... Yo también aborrezco a los judíos.". Y además: "Su odioso 'asesinato' de Cristo... para este deicidio no existe expiación posible, ni indulgencia, ni perdón, solo venganza que no tiene fin".
Por su lado San Agustín37 nos dice que: "El judaísmo, desde Cristo, es una corrupción; efectivamente, 'Judas es la imagen del pueblo judío'; su entendimiento de las Escrituras es carnal; ellos llevan la culpa de la muerte del Salvador, porque a través de sus padres ellos mataron al Cristo. Los judíos lo prendieron; los judíos lo insultaron; los judíos lo ataron, lo coronaron con espinos, lo deshonraron escupiéndolo, lo azotaron, amontonaron abusos sobre Él, lo colgaron en un madero, lo atravesaron con una lanza”.
San Jerónimo38 los denunció como: “... serpientes judaicas cuyo modelo fue Judas”. Y también respecto de las sinagogas: “Si fuera llamada un burdel, un antro de vicio, el refugio del demonio, la fortaleza de Satanás, un lugar para corromper el alma, un abismo de todo desastre concebible, o cualquier otra cosa, estaríamos diciendo menos de lo que se merece”.
Ya en el año 306 el Sínodo de Elvira en España prohibió todo contacto entre cristianos y hebreos decretando que los cristianos no se podían casar con judíos.
El año 315 se publica el Edicto de Milán39, el cual extiende la libertad religiosa al cristianismo y de paso recorta los derechos de los judíos prohibiéndoles la residencia en Jerusalén y además el proselitismo. Durante el Concilio de Nicea40 , en el año 325, el Emperador Constantino el Grande41 continúa sus esfuerzos para separar al cristianismo del judaísmo declarando que la pascua cristiana no sería determinada por la pascua judía “Porque es insoportablemente irrespetuoso que en nuestra más sagrada fiesta estemos siguiendo las costumbres de los judíos. De aquí en adelante no tengamos nada en común con esta odiosa gente...” 42. Por ello se decreta que la Pascua de Resurrección cristiana no sea celebrada el mismo domingo que la Pascua judía. En el año 337 el Emperador Constancio promulga una ley que castiga con la muerte el casamiento entre cristianos y judíos. El año 339 la conversión al judaísmo empieza a considerarse como una ofensa criminal. Podemos decir que, en este punto de la historia, el Estado Romano ha comenzado a crear una legislación que es antisemita en su forma y fondo.
San Hilario de Poitiers43 escribe y declara que los judíos son gente perversa, eternamente maldecida por Dios. San Efraín44 en sus himnos se refiere a las sinagogas como prostíbulos. San Gregorio de Niza45 caracteriza a los judíos como “asesinos de profetas, compañeros del diablo, raza de víboras, sanedrín de demonios, enemigos de todo lo bello, cerdos y cabras por su grosera vulgaridad”. Los escritos y sermones de San Epifanio46 caracterizan al judío como deshonesto e indolente. En 380 el Obispo de Milán estimula el incendio de una sinagoga como un “acto que place a Dios”.
El año 364 el rey Shapur II traslada forzosamente a aproximadamente 7.000 judíos hacia el interior de Persia. El año 399 el Emperador de Occidente Honorio47 confiscó todo el oro y la plata acumulados en las sinagogas para ser enviados a Jerusalén. El mismo definió al judaísmo como una “superstición indigna”.
Aquí vale la pena hacer un resumen que provoque al lector. Se ha recorrido un largo camino desde los días en que judíos y judeocristianos asistían a la sinagoga y celebraban el sábado juntos. Durante el tiempo en que los judeocristianos sufren persecuciones por parte de la autoridad imperial romana, agachan la cerviz, pero no olvidan. Durante ese mismo tiempo una caterva de intérpretes (teólogos) cubrirá el núcleo religioso judaico con infinitas capas de interpretaciones, reinterpretaciones y nuevas invenciones de tal manera que el pobre de espíritu creerá hallarse ante una nueva y maravillosa religión. Nada más alejado de la verdad. Y, curiosamente, al mismo tiempo los judeocristianos comienzan la que sin duda es la primera campaña general en contra de sus hermanos judíos. Pero nada evita ni evitará que los cristianos sigan siendo hijos, legítimos o bastardos, de progenitores cuya paternidad les abochorna reconocer. No pasa mucho tiempo cuando esta religión supuestamente basada en el amor, tal como un gusano roe un fruto desde el interior, corrompe al Poder Imperial y se apodera de las palancas del poder. Esta es la hora de arreglar las cuentas con los otros judíos (por “deicidas”), con los disidentes (herejes) y con los seguidores de otras religiones y cultos (llamados paganos en su conjunto). La desesperación inconsciente de los judeocristianos por intentar cortar los lazos con sus hermanos judíos (cosa que nunca lograrán) toma el carácter de proclamas que rayan en la histeria, como las que hemos citado arriba. Y, por cierto, las medidas represivas no tardaron en llegar. En los primeros tiempos del “triunfo” Trinitario la represión cae pesadamente sobre los disidentes (herejes). El judeocristianismo trinitario no tuvo piedad alguna con ellos: serán perseguidos y exterminados en nombre del Amor durante más de mil quinientos años. Para dar cuenta de los herejes los emperadores Honorio y Arcadio declaran, el año 407, crimen publicum o delito de Estado a la herejía. Pero los primeros libros condenados al fuego por la autoridad civil por herejes ya habían sido los de Arrio, el año 332. Y la legislación represora de la herejía era durísima: el hereje no podía recibir o hacer legados, testar o heredar. Tampoco podía realizar contratos de compraventa y desempeñar cargos públicos o militares. Las penas corporales variaban desde multas, confiscación de bienes, expulsión de una o todas las ciudades del Imperio, relegación a alguna isla o la muerte. En comparación con esto, las penas infligidas a paganos, judíos o apóstatas podrían ser consideradas hasta “benignas” (por el momento).
Los paganos también reciben constantes muestras del “Amor” judeocristiano. Durante el reinado de Constancio II, personaje mezquino y suspicaz, un decreto del año 354 ordenó el cierre de todos los templos paganos y, como consecuencia, algunos de ellos terminaron convertidos en prostíbulos y otros en establos. Durante el reinado del Emperador Juliano (361- 363), Hijo del Sol, Emperador-filósofo y defensor de la cosmogonía griega, el paganismo tiene un breve período de respiro. Notemos que la reiteración de este tipo de decretos antipaganos y las sucesivas oleadas represivas (especialmente notable fue la persecución de Valente en 370, que incluyó ejecuciones públicas de destacados intelectuales paganos y la quema de libros) ponen de manifiesto, sin embargo, que el arraigo del paganismo era demasiado fuerte como para liquidarlo de la noche a la mañana. Ese año 370 se prohíbe la enseñanza de la astrología bajo pena de muerte. Sin embargo la persecución de la magia y la adivinación prosigue en forma atemperada debido a la imperiosa necesidad de cazar paganos y herejes. Por otro lado, algunos emperadores mantuvieron una política de tolerancia, y el judeocristianismo y el paganismo convivieron más o menos pacíficamente a lo largo del siglo IV. Pero la proclamación del judeocatolicismo como religión oficial del Imperio en 380 por Teodosio aceleró el declive y la intensificación de la persecución contra los cultos paganos. En el año 382 el Emperador Graciano se despoja del título de Pontifex Maximus (título del cual se apoderarán rápidamente los Papas), suprime las subvenciones estatales al paganismo y ordena que se retire del edificio del Senado la imagen de la Victoria. En 397, el emperador de Oriente, Arcadio, ordenó que el paganismo fuera considerado como alta traición y se destruyesen sus templos. En los años 391/392 el paganismo es finalmente prohibido en Occidente y sus templos cerrados o destruidos. Los monjes destruyen el gran Templo de Edesa y la chusma judeocristiana de Alejandría arrasa con el Serapeum. Los Juegos Olímpicos son suprimidos el año 393. Se construyen muchas iglesias y monasterios sobre las ruinas de templos paganos arrasados. Cerca del año 407, durante el reinado de Honorio, se produce el hecho más grave para el paganismo: los Libros Sibilinos de Roma son cremados. Es en el siglo IV donde se jugó el futuro de Europa.
Por otro lado, cuando las polémicas eran insuficientes para convencer a los paganos, otros métodos más radicales eran adoptados. Tal es el caso de Hipatia, maestra de Silesio de Cirene, quien murió despedazada por el populacho judeocristiano el año 415. El año 429 el Partenón de Atenas fue saqueado y los paganos atenienses perseguidos. La intolerancia siguió trabajando a sus anchas a lo largo del siglo V, siendo destruidos por la chusma numerosos monumentos, altares y templos en todas las ciudades del Imperio. Hay que destacar el incendio que destruyó en el año 476 la Basílica (o Biblioteca Real), fundada por Juliano. Ardieron 120.000 volúmenes entre los que se hallaban unos rollos de piel de serpiente de 120 pies de largo escritos en letras de oro que contenían los poemas homéricos. La política represiva de los emperadores judeocristianos culminó el año 529, cuando Justiniano ordenó el cierre de la Academia de Filosofía de Atenas y la confiscación de sus bienes. Se cierran además todas las escuelas de Derecho excepto dos. Ya en el tiempo de este Emperador existía una prohibición oficial de la literatura anticristiana.
Pero la tiranía judeocristiana fue astuta en una forma que la separa drásticamente de toda otra religión contemporánea. Comprendió rápidamente que el control total de la población pasaba por mantenerlos prácticamente encerrados en las iglesias y permanentemente aterrados con terribles castigos después de la muerte. Y para un control más efectivo de la población, de tal forma que no pudieran practicar sus milenarios ritos, el judeocristianismo fijó sus propias celebraciones (que eran de asistencia obligatoria) en las mismas fechas en que el paganismo efectuaba las suyas. Este es el inicio de la Edad de la Oscuridad en Occidente, oscuridad que durará casi mil años. Ahora el Dogma y el Terror reinan sin contrapeso. Durante este lapso las ciudades europeas son verdaderos muladares mientras que, en otras tierras, ciudades como Bagdad, Beijing, Tenochtitlán y la Córdoba musulmana irradian salud y saber. Sólo el redescubrimiento en Occidente de la cultura greco-romana, vía los árabes, traerá de vuelta parcialmente a la Luz la que será casi inmediatamente eclipsada por el naciente materialismo.
[...]
Juan Sebastián Gómez Jeria.
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introducción
El hombre es el único animal que se pregunta: ¿Qué hago aquí? ¿Que es todo esto que me rodea?
Dos preguntas sin respuesta, que desesperan al ser humano. El hombre es el único animal que puede ser infeliz a pesar de tener el alimento y el sexo bien saciados.
La ciencia nos da respuesta a estas preguntas, pero su respuesta es muy limitada, solo nos deja ver pequeñas ventanas de realidad comprendida, mientras todo lo demás continua a oscuras para nuestra mente.
Ante este mundo sin respuestas aparecen las religiones, que desde la imaginación del hombre nos dan respuestas a estas preguntas, respuestas siempre absurdas, dogmas de fe que van contra las leyes naturales, y con unos libros sagrados que son simples cuentos.
Siempre me ha gustado estudiar al ser humano como si yo no perteneciera a ellos, desde fuera me gusta estudiar esta necesidad espiritual y sus religiones. De estas religiones la que más me interesa es el cristianismo, la que mejor conozco, porque eduque en el franquismo, una especie de nacional-catolicismo y por colmo en un colegio de La Salle, en donde estudiábamos la asignatura de religión, de la cual tengo el honor de suspender en alguna ocasión.
He podido observar como a la iglesia católica no le gusta que estudiemos su historia, ni la de sus santos. Te ignoran, te sierran todas sus puertas y comprendes la frase: "Con la iglesia nos hemos topado".
Tengo la fortuna de vivir en un pueblo con una historia apasionante, tanto desde el punto de vista militar, como el espiritual. En mi pueblo no ha habido guerra que no haya pasado por él y en el terreno espiritual, tenemos templarios y un santo con más milagros que Jesucristo, incluyendo algunas resurrecciones.
Al ir estudiando la historia de mi pueblo, la de otros pueblos del Mediterráneo, la vida de San Salvador de Orta y el topónimo de Orta; cada día que profundizaba más en el estudio, me dada cuenta de que todo lo que se dice de la historia de mi pueblo son medias verdades, se ignora la etapa templaría y solo se habla del pintor Picasso, que paso por aquí dos veranos.
Me dí cuenta poco a poco que la religión católica y el cristianismo tienen los pies de barro, su historia esta escondida, no quieren que sepamos nada de su origen, su significado, que no es otro que el de una religión solar.
Dos preguntas sin respuesta, que desesperan al ser humano. El hombre es el único animal que puede ser infeliz a pesar de tener el alimento y el sexo bien saciados.
La ciencia nos da respuesta a estas preguntas, pero su respuesta es muy limitada, solo nos deja ver pequeñas ventanas de realidad comprendida, mientras todo lo demás continua a oscuras para nuestra mente.
Ante este mundo sin respuestas aparecen las religiones, que desde la imaginación del hombre nos dan respuestas a estas preguntas, respuestas siempre absurdas, dogmas de fe que van contra las leyes naturales, y con unos libros sagrados que son simples cuentos.
Siempre me ha gustado estudiar al ser humano como si yo no perteneciera a ellos, desde fuera me gusta estudiar esta necesidad espiritual y sus religiones. De estas religiones la que más me interesa es el cristianismo, la que mejor conozco, porque eduque en el franquismo, una especie de nacional-catolicismo y por colmo en un colegio de La Salle, en donde estudiábamos la asignatura de religión, de la cual tengo el honor de suspender en alguna ocasión.
He podido observar como a la iglesia católica no le gusta que estudiemos su historia, ni la de sus santos. Te ignoran, te sierran todas sus puertas y comprendes la frase: "Con la iglesia nos hemos topado".
Tengo la fortuna de vivir en un pueblo con una historia apasionante, tanto desde el punto de vista militar, como el espiritual. En mi pueblo no ha habido guerra que no haya pasado por él y en el terreno espiritual, tenemos templarios y un santo con más milagros que Jesucristo, incluyendo algunas resurrecciones.
Al ir estudiando la historia de mi pueblo, la de otros pueblos del Mediterráneo, la vida de San Salvador de Orta y el topónimo de Orta; cada día que profundizaba más en el estudio, me dada cuenta de que todo lo que se dice de la historia de mi pueblo son medias verdades, se ignora la etapa templaría y solo se habla del pintor Picasso, que paso por aquí dos veranos.
Me dí cuenta poco a poco que la religión católica y el cristianismo tienen los pies de barro, su historia esta escondida, no quieren que sepamos nada de su origen, su significado, que no es otro que el de una religión solar.
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